Nos está tocando vivir una época de grandes cambios a todos los niveles. La tecnología está provocando modificaciones sustanciales en las maneras de vivir y de trabajar. De hecho, mientras esta realidad es una constante, la velocidad a la que se producen, no tanto.

Esta velocidad provoca que, para la mayoría de nosotros sea imposible predecir con qué herramientas estaremos trabajando dentro de pocos años. Este escenario hace que hoy en día sea clave para todos y cada uno de nosotros, seguir desarrollando la capacidad de aprendizaje y, específicamente, de aprender a relacionarnos con las máquinas y sus funcionalidades.

Por un lado, de los “nacidos digitales” se dice que son capaces de llegar al objetivo sin muchas instrucciones; quizá porque “se atreven a cacharrear” sin temor al error. Por otro, somos muchos los que hemos nacido antes de la digitalización de la vida y del trabajo; y nos quedan años por delante para seguir aportando en las organizaciones.

No es un secreto que, para muchos, la digitalización es un tsunami y estos meses de confinamiento nos han ayudado a tomar conciencia de ello. Estos meses nos han permitido -empujado, en muchos casos- experimentar con tecnologías, hasta ahora desconocidas para muchos. Y gracias al escenario COVID lo hemos podido hacer a pesar de los temores a equivocarnos.

¿Cómo ha sido posible? Creo que, entre otras razones, porque a todos los niveles de las organizaciones había bastante (por no decir mucho) desconocimiento sobre las herramientas digitales que aparecían como necesarias en esos momentos. Y había un “perdón general” cuando alguien cometía un fallo porque pensábamos que lo importante era otra cosa o que podríamos haber sido nosotros… En ese sentido se puede decir que el COVID nos ha “dado una tregua” en la cultura de culpabilizar el error y, desactivó durante un tiempo el miedo a las consecuencias de “meter la pata”.

Se puede decir que el COVID nos ha “dado una tregua” en la cultura de culpabilizar el error y, desactivó durante un tiempo el miedo a las consecuencias de “meter la pata”

Convivir con la tecnología

Si observamos con cierta serenidad, el comportamiento durante estos meses nos ha recordado y demostrado que podemos aprender mucho más allá de los límites que uno mismo se pone u otros nos ponen. Este sería un gran aprendizaje de la etapa COVID que no deberíamos olvidar, porque en culturas como la nuestra el miedo al error paraliza muchos diálogos potenciales, muchas ideas o preguntas que se quedan en el aire por falta de confianza en el entorno profesional y sus consecuencias a corto plazo.

Sabemos que un alto porcentaje de las organizaciones dicen estar dispuestas a dotar de herramientas digitales a sus empleados. Tan importante como tener los medios es programar bien los seguimientos y apoyos para concederles un tiempo de aprendizaje razonable, lo que significa “invertir”, ya que mientras se aprende no se produce al mismo ritmo.

Un alto porcentaje de las organizaciones dicen estar dispuestas a dotar de herramientas digitales a sus empleados. Tan importante como tener los medios es programar bien los seguimientos y apoyos para concederles un tiempo de aprendizaje razonable, lo que significa “invertir”

Y es que esta revolución nos exige no solo convivir con la tecnología, que siempre ha ido evolucionando en la vida de todos nuestros antecesores, sino adaptarnos a la velocidad a la que se desarrolla, nada comparable a lo que se ha visto antes: ¿Quién imaginaba hace 5/6 meses que en cualquier lugar de España y de forma generalizada leeríamos el menú de un bar mediante códigos QR?

También me parece importante poner sobre la mesa que nunca hemos de olvidar que cuanto más avanza la tecnología, más importante es lo humano. Una máquina no piensa, aunque lo parezca, y no toma decisiones, está programada con, a veces, millones de datos y posibilidades que cada vez maneja con mayor rapidez… para que los humanos podamos tomar decisiones. Si bien somos los humanos, como imprevisibles, los que tenemos esas capacidades, también hemos de aprender a convivir con los “Cobots”, esos robots que cooperan con humanos que han venido para quedarse y hacernos la vida más fácil.

Porque, ¿cuándo hubiesen pensado los romanos trabajar 8 horas, solo cinco días a la semana? ¿O que gracias a la máquina de vapor surgiría la industria del turismo? Seguimos en tiempos de cambio y tanto nosotros, como las organizaciones tenemos que adaptarnos a ellos, eso sí, ¡rápido!